Plomiza plaza
de música
incomprensible
de columpios muertos
de paseos grises
de plomo ajado
De monumentos
y músicos
tristes
y aplomados
que rodean
y tocan
para
columpios
inanimados
Plomiza plaza
de música
incomprensible
de columpios muertos
de paseos grises
de plomo ajado
De monumentos
y músicos
tristes
y aplomados
que rodean
y tocan
para
columpios
inanimados
Siempre me gustó filmar, ver el mundo y las cosas a través de ese ojo mágico. Acercarme, alejarme, moverme rápido o lento, meterme. Elegir lo peor o mejor y fijarlo en la película...
Como ahora, que enfoco la borrosa imagen hasta ver el rostro de un hombre. Gesticula, llora, pero no lo oigo. Imagino sus gritos, sus súplicas... Tomo distancia, paso a un plano general. Está desnudo y sentado, atado a una silla.
Coloco la cámara en el trípode, frente a él. La ajusto, aproximo el cuadro, mitad del pecho hacia arriba... Así está perfecto.
Con esta filmadora y demás accesorios desarrollo un arte, que realizo aquí, en este sótano acondicionado con todo lo necesario y, por supuesto, completamente aislado. Un vidrio blindado lo divide. La cámara y yo estamos de un lado, del otro, mi obra. Esta mira aterrada, primero la filmadora, después a mí, sin entender su situación. Comienzo a grabar.
Vuelvo a su lado. No deja de llorar, gemir y retorcerse en la ataduras. “- ¡Por favor, suélteme!”, implora. No le contesto. Sigo con lo mío, dar los últimos retoques al dispositivo que completará mi trabajo. Grita, pide compasión. Me fastidia su cobardía... Terminado el complejo sistema, se lo coloco en la cabeza sobre sus orejas, cuidando que los finos cables queden ocultos y no estropeen la grabación. Regulo el temporizador. Cinco minutos... más que suficiente. No deja de moverse, de suplicar. Acciono el mecanismo, y antes de irme, sin mirarlo le digo: “- Le quedan menos de cinco minutos”, seguro de que sus ojos aterrados se abrieron aún más. Buen efecto, pensé...
“- ¡No lo haga, tengo hijos,... le pagaré lo que sea!”, agregó. Antes de cerrar la pesada puerta sonreí. “- Ya está todo pago, gracias.”
Del otro lado, verifico la marcha del video. Todo bien. Debe salir perfecto. La precisión asegura mi éxito, y este, mi reputación frente a los clientes. Por razones obvias, no hay repetición posible, por lo tanto, no hay lugar a errores.
El lente capta de la mitad del pecho hacia arriba. La boca abierta en lo que adiviné un grito interminable. En seguida, la cabeza pareció deformarse levemente y una explosión roja nubló la imagen. Fijé esta en el líquido escurriéndose por el vidrio, dando lugar a una difusa al principio y cada vez más nítida fuente que despedía hilos de aquella sustancia...
Apagué la grabadora, extraje la película y, sin mirar al otro lado, salí y me deslicé en lo que para amigos y familiares no era más que una sala de juego y bar. Para mí la necesaria cámara de descompresión. Me serví un bourbon, y sentado en el bar busqué en la caja de cerámica mi definitivo pasaporte a la realidad. Mientras pico tres líneas del polvo blanco, termino la bebida y me sirvo otra. Inhalo las rayas y siento mi cabeza explotar... explotar... sonrío, recuerdo al desdichado. Tomo el disco y en la carátula rotulo con caracteres gruesos “ROMPECABEZA”. Río abiertamente... “ROMPECABEZA”. Bebo. Pico más de la magia blanca.
¿Qué habrá sentido en ese preciso instante?¿O diez segundos antes?¿O veinte? Tengo que verlo de vuelta. Poner el video y descubrir en sus ojos qué sintió...
Todo se repite, la imagen borrosa, el tipo desnudo gesticulando, llorando. Me veo actuar con firmeza, sin dudar, sin mirarlo siquiera.... ¡qué profesional!. Se retuerce, ruega. Coloco los explosivos... ¡qué bien! No se ven los cables... Acá viene lo mejor, los ojos bien abiertos, ¡si hasta parecen saltar!... Sintió pánico...¡qué buena imagen! Voy a parar...ahí...¡qué brutal!... sabe que se muere y no puede hacer nada...Pico más cocaína...¿cuánto tomé?...¡qué importa!... aspiro una línea tras otra. Siento que mi cabeza se abre, mis pensamientos se aceleran, chocan entre sí... Los ojos del desgraciado parecen más grandes, enormes...
Veo el pánico, niños jugando, siento miedo, pavor, una mujer sudorosa sobre mí me exige, me apura... De repente todo se pone rojo...
Despierto desnudo, atado en una silla. Frente a mí un hombre manipula una cámara. Me filma... frío... calor... frío... no sé, algo está mal. El de la filmadora me mira ... ¡no! ¡soy yo mismo! ... trato de desatarme... no puedo ...grito. Del otro lado del vidrio sonrío....
Ahora estoy parado a mi lado... ruego ... imploro. No atiendo. Coloco los explosivos sobre mi cabeza... “- ¡no lo hagas!.”, me digo “- ¡tengo hijos!”...Sonrío. “- Te quedan cinco minutos.” ... Los ojos me duelen, grito con todas mis fuerzas, siento la presión en mi cabeza, aprieta pero no duele...
Me miro... Sonrío cruelmente.
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Si, ya sé… “es un título intolerante” dirán… lo reconozco… pero pasa que estoy harto de los “fenómenos” que señalan con un dedo olímpico y con rostro adusto, típico del que está acostumbrado a que lo escuchen con la boca abierta y cabalgando en dos períodos de gobierno y centenares de conferencias en el “mundo occidental y cristiano” dictadas con ojos estrábicos protegidos por dos aleros pestañados, y afirman con ese tonito docto: “la izquierda de este país es violentista e intolerante”… lo dice él, “el rey de la tolerancia”…
Vayamos por partes. Cuando uno se enfrenta a tipos tan “cultos” hablando en términos cuasi académicos, debe recurrir, por lo menos, a un diccionario… eso hice, por supuesto…
La Real Academia Española, en el Diccionario que publica periódicamente, establece, al respecto las siguientes definiciones:
Tolerar. Sufrir, llevar con paciencia. ll 2. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente. ll 3. Resistir, soportar, especialmente alimentos, medicinas, etc.
Sin duda, ante una definición así, quedan claras muchas cosas.
Primero, este “estadista” de “un nivel cultural superlativo”, “coleccionista de arte”, conferencista habitual en cuánto simposio de “demócratas” hay en el mundo,… no se traga que la izquierda gobierne, no tolera que un “hombre inferior a él” ocupe el sillón que fuera suyo por diez años. Sufre, pero con impaciencia manifiesta, que un ex guerrillero que habita un lugar humilde y viste y habla con sencillez, dirija los destinos del país dónde él vive.
Segundo, permitió en su fuero íntimo a un Tabaré Vázquez. Lo considera un “par”, pues era un Doctor, un Oncólogo de reputación internacional en los círculos privilegiados que él frecuenta, “a imagen y semejanza” de lo que este ex presidente entiende debe ser un hombre para tan alto cargo público… sin aprobarlo expresamente claro, no olvidemos, el presidente es un “marxista que apaña en su partido a violentos y radicales” (Debate previo a las elecciones de 1994)… pero Mújica es otra cosa… no resiste, no tolera, dos dosis de la misma medicina, y menos aún, una segunda, para él, más fuerte…
Pero claro, debemos ver también el significado “del acto de tolerar”, tolerancia…
Hasta aquí podríamos decir que tolerar es un acto, en última instancia, soberbio, con evidentes aires de superioridad, “yo te tolero”, “te permito manifestarte, pero” no te soporto…
Tolerancia. Acción y efecto de tolerar. ll 2. Respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras… (¡!).
Los signos de admiración son míos. No entiendo. Este ciudadano que ha ocupado dos veces el más alto cargo público, y los otros dos, “el cómico” y “el cajetilla”… ¿saben lo que quiere decir Tolerancia? ¿Lo han aplicado en esta campaña electoral? No.
Lo único que saben hacer es “pedirle” a la izquierda que “dé muestras de tolerancia”… traduzco, no critique, no haga referencia a los errores y horrores hechos en sus gobiernos desde 1985 a 2005, no denuncie sus manejos inescrupulosos de los dineros públicos, de los nombramientos, de la política interna, de la seguridad, de las relaciones internacionales, no haga propaganda de izquierda, popular, obrera, no, este tan importante personaje preferiría que comunistas, tupamaros, izquierdistas en general se encerraran en sus guetos permitidos por esta derecha “culta” …
“No, la izquierda es intolerante, no puede señalar cuestionamientos porque no respeta los códigos”… ¿De qué códigos hablan? ¿Los de la mafia? ¿Los de las organizaciones criminales?...
Claro, nosotros no manejamos esos códigos, no apañamos a criminales de la dictadura en nuestras filas (torturadores, violadores, secuestradores, asesinos, saqueadores), ni a testaferros de negocios turbios dónde el estado perdió fortunas, ni gestores de dineros provenientes del narcotráfico o del contrabando…
Por eso, por este intermedio, manifiesto el sentir de mi alma en relación a la tolerancia… ¡Basta de repetir un concepto acuñado por la derecha de este país y repetida como verdad inamovible por publicistas y representantes de izquierda!¡Basta de “tolerar” a personajes siniestros de la política de nuestro país, cuyo único emblema ha sido combatir de manera asquerosa y rastrera las idea políticas que son diferentes a las de ellos, aplicando siempre la soberbia, y la supuesta “superioridad” de estilo que manejan!
¿Por qué no restablecer el respeto, simple y claro en las relaciones humanas?
Respetar. Tener respeto, veneración, acatamiento. ll 2. Tener miramiento, consideración
Respetar en sumo grado a una persona por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a una cosa por lo que representa o recuerda, ¿no tiene más que ver con nuestra forma de ser? ¿No somos así los uruguayos? ¿No discutimos en términos de valorar al que tenemos delante, incluso compartiendo parte de su razonamiento o argumentos? ¿No nos caracterizamos por terminar de discutir compartiendo el mismo mate, o cualquier otra bebida con nuestro oponente ocasional? ¿Por qué tenemos que repetir como una verdad absoluta conceptos o términos que, en realidad, no nos representan? Los uruguayos en el mundo somos reconocidos (o éramos) por el respeto que nos profesábamos unos a otros, sin importar nuestra ideología, creencia religiosa, simpatía deportiva u opción sexual…
¿Será tan difícil volver a recrear esa atmósfera de convivencia y de respeto entre iguales?
Yo respeto y quiero que me respeten, no quiero su tolerancia, por eso, no tolero a nadie… respeto a todos.